viernes, 11 de junio de 2010

NO PODEMOS PENSAR EL MUNDO ENTERO DE UNA VEZ – UN PORQUE PARA LA INCOMPRENSION


Mmm…no sé si lo voy a conseguir, pero voy a intentar plasmar por escrito la tormenta de ideas que me danzan por la cabeza y, sobretodo, voy a intentar que me comprendáis, aunque ya aviso que no es un post fácil de seguir…¿quizá por el título? :-)

Creo empezar a entender porqué – valga la redundancia – no nos entendemos, cuando, en ocasiones, hablamos el mismo idioma.

Para entendernos hace falta utilizar el lenguaje, parto de esa premisa…quizá ya errónea, no sé. Vaya por delante decir que por lenguaje yo entiendo no solo el habla, sino todos los símbolos que hay alrededor de cualquier tipo de comunicación verbal o no. Es visión antropológica, no lo puedo evitar. Me vienen dos preguntas a la cabeza: ¿Habré decidido profundizar en este tema de la incomprensión como consecuencia de la enorme dificultad que me está causando entender la asignatura de Antropología Lingüística este año?¿Me servirá para ordenar determinadas informaciones? [Gracias a Alejandro Duranti, en el que baso muy buena parte de este artículo, y que está consiguiendo, sin que pueda llegar a saberlo nunca, mantener vivo mi estímulo para ahondar todo lo que me de el verano en esta asignatura. Si luego consigo aprobarla, perfecto, si no, seguro que habré pasado un buen verano porque como esto lo hago por placer, además de por estudiar regladamente otra carrera, nadie va a poder quitarme ese beneficio].

Las lenguas son parte de la vida de los pueblos, a la vez que son instrumentos de comunicación y de representación del mundo. Cada lengua hay que estudiarla en el seno de la vida social donde se desarrolla. Las lenguas permiten construir las identidades individuales y colectivas. Son instrumentos, marcos y recursos de la cultura, siempre referidas a un tiempo y espacio determinados. Son una serie de estrategias simbólicas que forman parte del tejido social y de la representación individual de mundos posibles o reales. Relacionan sistemas culturales y otras formas de organización social. El lenguaje es dinámico, desempeña un papel esencial en la creación de maneras singulares de estar en el mundo.

Se parte del principio teórico de que las palabras – mis queridas palabras que tanto me gustan y que intento mimar – importan, pero también del hallazgo empírico de que los signos lingüísticos son representaciones del mundo y conexiones con el mundo que no son nunca neutrales, sino que se utilizan constantemente para la construcción de afinidades culturales y también de diferencias culturales.

Pero estas diferencias no están solo en los códigos simbólicos que las representan (no están solo en sustituir un sonido por otro o una palabra por otra) sino que se ponen también de manifiesto por actos concretos de habla, por la mezcla de palabras con acciones y por la sustitución de las palabras por acciones. Hay que prestar atención tanto a lo que se dice como a lo que no se dice. Cuando pensamos en lo que se dice, en oposición a lo que no se dice, establecemos un fondo contra el que evaluamos lo dicho.

Eso sí, no podemos pensar el mundo entero de una vez, como dice el título. Hay que intentar entender que los modos en que pronunciamos las palabras en un momento determinado proporcionan un punto de vista, un modo de reflexionar sobre el mundo y sobre la naturaleza de la existencia humana [Ya lo decían los filósofos antiguos: “Los seres humanos son solamente criaturas que piensan sobre si mismas pensando”]. Pero el lenguaje es más que una herramienta reflexiva con la que intentamos encontrar sentido a nuestros pensamientos y acciones. A través del lenguaje penetramos en un espacio que ha sido en parte construido a nuestra manera, un mundo en el que algunas distinciones parecen importar más que otras, un mundo en el que cada opción que elegimos es parcialmente contingente con lo que ocurrió antes y contribuye a la definición de lo que ocurrirá después.

El interés por las lenguas reside en que los hablantes son vistos como actores sociales, en que el lenguaje es condición y resultado de la interacción social. El lenguaje es mucho más que esa visión gramática formal que lo define como un sistema abstracto de reglas para la combinación de elementos discretos pero carentes de significado (fonemas), que forman unidades significativas (morfemas), que, a su vez, se combinan en unidades de más alto nivel (palabras, proposiciones, oraciones). Hay que intentar comprender, además, el papel y el lugar que ocupan las formas lingüísticas y sus contenidos en la vida individual y colectiva de las personas.

La Antropología Lingüística interpreta el lenguaje como medida de nuestras vidas. Tiende a centrarse en el discurso situado. Intenta entender porqué, además de hacernos cognitivamente iguales por tener todos los humanos la capacidad de hablar, el lenguaje permite crear, y crea, distinciones entre grupos, individuos e identidades.

El lenguaje es la herramienta intelectual más flexible y poderosa que los seres humanos hemos creado. Tiene capacidad de reflejar el mundo, incluido el mismo lenguaje. Todo pasa porque un lenguaje determinado permita a sus hablantes articular en un sistema lo que hacen con las palabras en la vida corriente. El lenguaje es el encargado de proporcionar las interpretaciones de los hechos y, para ello, es importante convertirse en un experto analista del discurso. Pero no solo eso, también hay que entender qué pretenden los hablantes en esa interacción concreta, qué es lo que ellos consideran significativo, a qué prestan atención y con qué fines. Deberíamos crear una especie de Unidades de Análisis para poder interpretar al que habla…pero el problema es como encontrar conceptos analíticos que sean coherentes con la perspectiva del/de los que está/n hablando sin convertir a cada hablante en alguien con nuestras propias preferencias analíticas. Al final hay alguien que habla y alguien que escucha, claro, pero todo pasa principalmente por qué dice, como lo dice y en que contexto, para que yo encima entienda su mensaje siempre bajo mi interpretación porque yo soy mi propio contexto. ¡Así lo fácil es no entenderse!

Vaya, y para acabar, que no es lo mismo textos y versículos que versos y testículos…a ver si así se me entiende mejor :-)

Creo que, en efecto, necesito un descanso :-)))

¡Un saludo a tod@s!

domingo, 9 de mayo de 2010

AL FINAL (Y AL PRINCIPIO) EL TAMAÑO SI QUE IMPORTA


[“El hombre tiene que ser del tamaño del problema en que se mete” – Anónimo]

Había empezado a escribir sobre otro tema – El porqué de la incomprensión, aún hablando el mismo idioma – pero una conversación con una amiga sobre los quarks y los espacios negros (vamos, la típica conversación de café jeje), ha hecho que recuperara una magnífica exposición de Natalie Angier al respecto a ver si lo entiende mejor que con lo que yo le dije. Ya volveré sobre la incomunicación, que, desgraciadamente, va a seguir ahí :-)

Pretendo con este artículo hablar de lo muy pequeño y de lo muy grande. De cómo el tamaño es un tónico para nuestra humildad. De lo absurdo que es que el ser humano insista antropocéntricamente en imponer su ley. De las verdaderas dimensiones de la naturaleza.

Si miramos para arriba en una noche despejada y sin contaminación lumínica, partimos de la base de que tan sólo contemplamos unas 2500 estrellas de los 300.000 millones que pueblan nuestra Vía Láctea, y que probablemente existen otros 100.000 millones de estrellas en el Universo, más allá de nuestra Vía Láctea.

Los Reyes solían creer que algunas partes de sus cuerpos poseían proporciones lo suficientemente divinas como para merecer su adopción como unidades de medidas estándares. El emperador romano Carlomagno declaró en el siglo IX que la longitud de su pie sería desde entonces el pie. Según esta medida, el emperador podía presumir de medir 7 pies de altura. Tres siglos más tarde, el monarca británico Enrique I decretó que la yarda sería el equivalente a la distancia entre su nariz y la punta del dedo mediano, con el brazo totalmente extendido. Los romanos siempre dispuestos a pasear, concibieron el concepto de milla como la distancia que puede recorrer un hombre al hacer 1000 pasos.

El sistema métrico – adoptado por todos los científicos y por casi todos los países – es defendible por su belleza, basada en los factores 10. ¿Cuántos milímetros hay en un centímetro, cuántos centímetros en un metro y cuántos metros en un kilómetro? La respuesta es 10, 100 y 1000, respectivamente. Pero, ¿cuántas pulgadas hay en un pie, en una yarda, y cuántas yardas hay en una milla? La respuesta es 12, 36 y 1760. Natalie Angier tiene la ligera sospecha, aunque no lo ha podido demostrar, de que lo que realmente impide a los países anglosajones adoptar el sistema métrico es el campo de fútbol americano y su sagrado valor cuantificado en 10 yardas.

Mil son tres ceros, es decir, 10 elevado a 3. Cien mil son 5 ceros, 10 elevado a 5. Un millón, 10 elevado a 6…y así sucesivamente. La décima parte de una décima es una centésima y se escribe 10a la -2. La décima parte de una centésima es una milésima, 10 a la -3. El micro, 10 a la -6…etc.

En una décima de segundo encontramos el abrir y cerrar de ojos. Cinco milesimas de segundo (5 x 10a la -3 segundos) es lo que tarda un tipo de salamandra mejicana en lanzar su lengua de color malva y atrapar a su presa. En un microsegundo (10 a la -6 segundos) los nervios pueden enviar al cerebro un mensaje doloroso y la luz puede atravesar la distancia correspondiente a tres campos de fútbol americano. Los ordenadores más rápidos realizan sus cálculos en picosegundos (10 a la -12 segundos).

Los físicos, con ayuda de los aceleradores de partículas, consiguen generar rastros de quarks. Estas partículas duran un picosegundo – una billonésima parte de un segundo – hasta que se desintegran. Sin embargo en ese tiempo el quark tiene tiempo de completar un billón (10 a la 12) de diminutas órbitas. En comparación nuestro planeta Tierra ha completado en sus 5000 millones de años de existencia tan solo 5 x 10 a la 9 órbitas alrededor del Sol, y se espera que realice otros 10.000 millones de vueltas antes de que el Sistema Solar se desintegre.

Los científicos miden los sucesos más breves que se pueden cronometrar en attosegundos, una trillonesima parte de un segundo, es decir 10 a la -18 segundos. Un electrón tarda 24 attosegundos en completar una vuelta alrededor del núcleo del átomo de hidrógeno…un viaje que repite aproximadamente 40.000 billones de veces cada segundo. Hay más attosegundos en un minuto que minutos han existido desde el nacimiento del Universo.

Si hablamos del tamaño del tiempo terrestre, la maquina del tiempo concebida por Kip Hodges es su favorita. Imagina a la Tierra (alrededor de 4500 millones de años de antigüedad) como un ser humano con una esperanza de vida de 75 años. Según este cálculo, en el que doce meses es el equivalente a 60 millones de años, tenemos un bebé Tierra que engordó muy rápidamente. Al año de edad ya había terminado la condensación del disco planetario que rodeaba al Sol y había alcanzado su tamaño actual gracias a la adición de trozos de metales y rocas. Un mes o dos más tarde ya había arrojado de sus entrañas una espesa atmósfera de dióxido de carbono, vapor de agua, azufre, metano y algunas pequeñas cantidades de otros elementos, creándose una mezcla que permitió que el agua líquida se quedara en las cuencas de los cráteres de la superficie en vez de evaporarse hacia el espacio. Al comienzo de su adolescencia, la Tierra hizo lo que no debería hacer ningún adolescente humano: dio nacimiento a las primeras formas de vida. Apenas ocho o diez semanas después del parto, algunas variedades de bacterias empezaron a escupir oxígeno hacia la atmósfera. Sin embargo, no fue hasta los 73 años de edad – hace unos 700 millones de años – cuando pudo contemplar la aparición de organismos multicelulares. Llegó hasta los 72 años – casi en el final de su vida – para que aparecieran los primeros dinosaurios, y el primer simio no nació hasta mayo o junio del último año de su vida. El moderno Homo Sapiens aguardaba el repiqueteo de las campanadas del 31 de diciembre, la agricultura y la cría de animales aparecieron a las 10 de la noche, el primer garabato y el giro de la primera rueda, una hora más tarde. Neil Armstrong pisó la Luna veinte segundos antes de la medianoche.

Podemos ver a la Tierra como un grano de arena. El Sol sería entonces un objeto del tamaño de una naranja situado a 6 metros de distancia, mientras que Júpiter – el mayor planeta del Sistema Solar – sería apenas un guijarro situado a 25 metros en dirección opuesta. Neptuno y Plutón serían un grano más grueso y otro más fino, respectivamente, situados a unos 225 metros de la Tierra.

El Universo es un inmenso lugar vacío. La separación media entre las estrellas del interior de una galaxia es unas 100.000 veces mayor que la distancia entre el Sol y nosotros. La Vía Láctea contiene unos 300.000 millones de estrellas pero están dispersas a lo largo de un abismo que tiene unos 100.000 años luz de diámetro, es decir, la distancia que sale de multiplicar 9,5 x 10 a la 12 kilómetros (que es la distancia que recorre la luz en un año) por 100.000. Un total de 9,5 x 10 a la 17 kilómetros de diámetro. Aún utilizando la escala de antes en que el Sol es una naranja situada a 6 metros de nuestro grano de arena que es la Tierra, el hecho de cruzar la galaxia constituiría un viaje de más de 40 millones de kilómetros.

Si estimamos que hay unos 100.000 millones de galaxias en el Universo, cada una de ellas equipada con unas 100.000 o 200.000 millones de estrellas…hay demasiadas maneras de perdernos en la oscuridad. Las distancias son tan grandes que aunque existiera vida inteligente, oír hablar a una civilización extraterrestre sería totalmente improbable.

“Si la Torre Eiffel representara la edad del mundo, la capa de pintura en el botón del remache de su cúspide representaría la parte que al hombre le corresponde de tal edad” [Mark Twain – Criticando el creacionismo].

Pensemos ahora en la cabeza de un alfiler. Mide 2 milímetros. Comparativamente un cabello humano tiene una anchura promedio de 100 micras, es decir, 100 millones de veces más pequeño que un metro. Por lo tanto, en una cabeza de alfiler cabrían unos 20 cabellos juntos. La mitad del diámetro del cabello humano – 50 micras – representa aproximadamente el límite del poder de resolución natural del ojo humano. Un leucocito humano mide 12 micras de anchura. Caben unos 28.000 en la cabeza de nuestro alfiler. El rinovirus – causante del resfriado común – mide tan solo 3 centésimas de micra de largo, unos 30 nanómetros.

Si abrimos una célula humana encontraremos todas esas biomoléculas que hacen todo el trabajo para mantenernos viv@s durante los 3000 millones de segundos que dura en promedio nuestra vida, unos pocos 10 a la 27 attosegundos. La hemoglobina mide unos 5 nanómetros de diámetro, la sexta parte del tamaño del virus del resfriado. El tamaño de una molécula de glucosa es la sexta parte del de la proteína de hemoglobina, y el tamaño del oxígeno que esta transporta es un tercio del de la de azúcar.

En un nanómetro caben más de 3 átomos, por tanto, necesitaríamos 10 billones de átomos para cubrir nuestra cabeza de alfiler. Casi todo el átomo está vacío. En el núcleo está el 99,90% de su materia. Si pudiéramos deshacernos de todos esos núcleos no pesaríamos más de 20 gramos. Estos 20 gramos corresponden a nuestros electrones, las partículas que describen órbitas alrededor del núcleo. La masa de un electrón es 1/1800 veces menor a la masa de un núcleo. El abismo entre el núcleo y la nube de electrones que le rodea es inmenso, pero mientras que el núcleo representa prácticamente toda la masa del átomo, su volumen representa tan sólo una billonésima parte del volumen total.

Vivimos en un Universo que está ampliamente desprovisto de materia…y a pesar de todo la Vía Láctea resplandece, nuestra hemoglobina continua fluyendo, y cuando abrazamos a un/a amig@ nuestros dedos no se hunden en el vacío del que están llenos nuestros átomos. Si cuando tocamos su piel estamos tocando el vacío, ¿por qué la sentimos tan plena?

Un enorme y gran abrazo "atómico" para tod@s :-)

lunes, 22 de marzo de 2010

CAPILLARIA - LA REALIDAD CARECE DE IMAGINACION


[Capillaria: Reino fantástico de gigantescas mujeres rubias]

“En 1923 un grupo de zapadores ingleses estaba midiendo una zona casi inaccesible del continente africano. Al final de un duro día, ansiosos de volver al campamento base, cayeron en que aún quedaba por medir una pequeña colina. Uno de ellos, el más imaginativo, propuso que terminaran el trabajo más tarde, de regreso en el campamento. Su sugerencia fue aprobada. Armado de un par de tijeras, el cartógrafo recortó de una revista el dibujo de un elefante, trazó su contorno en el mapa, y completó así la colina cuyas medidas nunca fueron tomadas. El monte en forma de paquidermo puede verse aún hoy en el ángulo noroeste de la pagina 17 de la serie cartográfica 1:62,500 publicada por el Real Instituto Geográfico Británico bajo el título: África, Costa de Oro”.

La geografía con la que el Big Bang nos dotó como planeta, incluso como Universo – no por ya totalmente explorado, sino por nuestra propia naturaleza humana – parece que no nos basta para las aventuras que queremos correr. Si que es cierto, como dice Alberto Manguel, que “viajar se ha convertido en confirmar la información de un mapa más que en descubrir nada nuevo”, pero, quizá por eso, y desde siempre en la literatura, l@s escritor@s se han afanado en idear mil y un lugares imaginarios en nuestro ¿pequeño? planeta Tierra, en el Universo. Es como si quisieran así protestar, mucho antes de que empezara la globalización, contra las “burocracias y reglamentos nacionales, contra los pasaportes y fronteras”.

Advertiréis en casi todos los lugares que he elegido para este post, y, si leyerais el libro “Breve guía de los lugares imaginarios” de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi en el que está basado, también en la mayoría de ellos, que cada uno de los sitios puede llegar a decir mucho del/de la escritor/a que lo ha inventado…hasta asusta un poco que se ideen algunos de esos lugares en las mentes humanas, aunque estén llenos de típicos tópicos.

Sarragalla: Una de las Islas de la Sabiduría. Consigue aumentar la producción y ahorrar el tiempo. Su economía ha alcanzado el perfecto equilibrio entre la oferta y la demanda con lo que no hay reclamaciones salariales ni huelgas. La gente trabaja por placer. El éxito de Sarragalla se debe a su habilidad para transferir energía de las actividades no productivas a las productivas. Incluso el idioma se ha abreviado para economizar energía, así los discursos políticos no duran más de 35 segundos y las leyes son rápidamente aprobadas por la brevedad de sus textos. Actualmente en el Instituto Experimental se están efectuando investigaciones para masticar por telequinesis y poder utilizar así esa energía sobrante en cortar madera en el otro extremo de la habitación, por ejemplo. La educación se basa en la necesidad de inculcar el respeto por el tiempo de los demás [Alexander Moszkowsky – Die Inseln der Weisheit, Geschichteeiner abenteuerlichen Entdeckungsfahrt. 1922. Escritor alemán amigo personal de Einstein].

Urnos, Nación de los: Situada en las tierras bajas del Vístula. Los urnos viven en un reducido numero de aldeas y están gobernados por un rey que vive en un palacio circular sin ventanas y forrado de piel de camello. Los urnos son muy diestros en el manejo del caballo y del arco y no cultivan la tierra. Todo su idioma consiste en la palabra undr, que significa “maravilla”. En esta palabra todo el que la escuche reconocerá sus trabajos, sus amores, lo que hizo en secreto, las cosas que ha visto, todo [Jorge Luis Borges – Undr, en el El libro de arena. 1975].

Sueños, Isla de los: Isla del océano Atlántico no muy lejos de la Isla de los Impíos. Aproximarse a ella es difícil porque parece que se aleja en la distancia. Su capital, Hipno o sueño, está rodeada de un tupido bosque de mandrágoras y adormideras gigantes. Un río ancho, el Noctámbulo, brota de dos manantiales que se encuentran a las puertas de la ciudad. Los muros de la ciudad son altos y su color es similar al del arco iris. Las puertas son cuatro: dos, una de hierro y otra de bronce, orientadas al valle de la Blandura, y por ellas salen los sueños terroríficos y molestos; las otras dos se abren al mar. Subiendo desde el puerto, el viajero descubre a su derecha el Templo de la Noche. A la izquierda se ve una fuente llamada Amodorrada. Los habitantes se llaman sueños [Luciano de Samosata – Relatos verídicos. Siglo II. Virgilio – Envida. Siglo I a.C. Escritor sirio de habla griega. Uno de los primeros humoristas].

Abdales, Reino de los: Extensa área de la costa septentrional de África cuyas leyes y costumbres pueden parecer crueles al viajero inexperto. En las bodas abdales el personaje principal es el testigo del novio o Ab-Soc-Cor. El día antes de la ceremonia el testigo visita a la novia. Al atardecer se encierra con ella en una pieza oscura y la instruye en lo que son sus deberes sexuales y físicos como esposa, cerciorándose además de que es virgen. Los ritos funerarios se caracterizan por el gran respeto a los muertos. Lavan el cadáver, lo visten con sus mejores galas y le preguntan por la causa de la muerte. Si no contesta lo colocan de pie en un ataúd grande y hondo, el Tou-Kam-Bouk, y le dejan aguja e hilo para que, llegado el caso, remiende su ropa. Llenan luego el ataúd con hierbas aromáticas para conservar el cadáver y lo cuelgan en el dormitorio del finado. Los abdales consideran ofensivo señalar con el dedo. Este gesto solo se utiliza para señalar al Rey a la divinidad. Todo lo demás se señala con el codo [Charles Fieux de Mouhy – Lamekis, ou les voyages extraordinaires d’un egyptien dans la terre intérieure avec la découverte de l’Isle de les Silphides, enrichi des notes curieuses. 1735. Escritor francés del siglo XVIII amigo de Voltaire].

Nazar: País subterráneo dividido en varias provincias o reinos independientes. Para llegar el viajero se dejará caer en una grieta abierta en las montañas, cerca de Bergen, en Noruega. Algunas de las provincias más importantes que debe visitar son: la Isla de la Negra, cuyos habitantes, mitad humanos, mitad instrumentos musicales, piden lo que necesitan en adagio y lo agradecen en allegro; Potu, la provincia de los árboles que hablan y se mueven; Jochtan, donde se admiten todas las opiniones y consideran la tolerancia como la más elevada de las virtudes; y Cocklev, una región dominada por mujeres [Barón Ludvig Holberg – Nicolai Klimii Iter Subterraneum Novam Telluris Theoriam Ac Historiam Quintae Monarchiae Adhuc Nobis Incognitae Exhibens E Bibliotheca B. Abelini. 1741. Escritor danés (nació en Noruega, parte integrante de Dinamarca entre 1380 y 1814) y está considerado el padre de la literatura danesa y noruega].

Alifbay: País de localización incierta donde se haya la ciudad más triste de la tierra. Las fábricas de los barrios del norte de la ciudad producen tristeza, que, una vez envasada, es enviada a todas las partes del mundo. La ciudad se levanta junto al mar de la Congoja donde se pesca el pez taciturno. Aunque este pez constituye la base de la alimentación de los naturales del lugar, se recomienda a los visitantes que se abstengan de comerlo, pues hace eructar de melancolía aunque el cielo esté azul. En Alifay muchos lugares se designan con letras del alfabeto lo que hace que muchos sitios se llamen igual y el viajero debe asegurarse de que el sitio que visita es aquel que deseaba ver [Salman Rushdie – Haroun and the Sea of Stories. 1990].

¡Un saludo a tod@s ... y disculpad el retraso. Espero que vuestra paciencia se vea compensada al leer este artículo, en el que hay algo personal oculto que os animo a descubrir :-)

PD: Ah, se me olvidaba…la historia de Capillaria :-)

Es un inmenso país submarino que se extiende entre Noruega y los Estados Unidos. Ahí viven las Oihas, una raza de mujeres, altas, rubias, con cuerpos angelicales y suaves curvas. Van vestidas con unas capas muy finas y anchas que al caminar permiten ver una piel traslúcida que transparenta los órganos internos. Las Oihas descienden de la primera Oiha, una mujer que se autofecundaba y que perpetúo la especie. Un día decidió, cansada, eliminar de su cuerpo ese pequeño órgano incómodo que la fecundaba y que, desde entonces, siguió viviendo en el exterior con el deseo eterno, pero vano, de volver a unirse a ese cuerpo que lo había expulsado. Ese parásito externo es el bull-pop, una pequeña criatura de 23 a 26 centímetros de largo, cuerpo cilíndrico, rostro humano y cabeza calva llena de chichones.

Las oihas viven rodeadas de muebles comestibles de chocolate o azúcar. Toda su vida se haya centrada en el placer. La sensibilidad es la cualidad más apreciada de su cultura, y todos sus sentidos están sumamente afinados para percibir cualquier mínimo estímulo placentero. Su vida amorosa, una vez expulsado el cansino bull-pop, no tiene nada que ver con la conservación de la especie, sino con el placer, y su lenguaje no pertenece a ningún grupo lingüístico conocido [Frigyes Karinthy – Capillaria. 1921. Escritor húngaro que destacó por su ingenio, sarcasmo e ironía. Aprovecho para recomendar “Viaje alrededor de mi cráneo”. Novela que dedicó al cáncer que acabó con su vida].

viernes, 15 de enero de 2010

VERDE ABEDUL, VERDE BRONCE, VERDE CROMO…UN ARTÍCULO UN POCO VERDE


[“El verde alegra la vista pero sin cansarla” Plinio]

¿Por qué elegí el verde para mi blog? Yo no lo tengo nada claro. Abro el debate, ahí queda :-)

El verde es una mezcla de azul y amarillo, aunque en todas las teorías antiguas de los colores se considera un color primario. El verde es también el color más variable. Solo una pizca de azul convierte el amarillo en verde. En cambio el verde puede contener todos los colores – blanco, negro, marrón o rojo – sin dejar nunca de ser verde. Pero con el cambio de la luz natural a la luz artificial, el verde cambia más que cualquier otro color.

El verde es el color intermedio en las más variadas dimensiones. El rojo es cálido, el azul frio, y el verde es de temperatura agradable. El rojo es seco, el azul moja, y el verde es húmedo. El rojo es activo, el azul pasivo, y el verde tranquilizador. El verde se halla entre el rojo masculino y el azul femenino. Según la teoría de los colores, el verde es complementario del rojo, pero de acuerdo con nuestras sensaciones y nuestro simbolismo, el color que más contrasta con el rojo es el azul. Incluso en este sentido se halla el verde también en medio.

Lo sano es verde, pues verdes son las sanas hortalizas, las verduras. El trébol de cuatro hojas, símbolo de la suerte, es común en las tarjetas de felicitación de año nuevo de algunos países. En otros, para esas fechas, se regalan tarros con uno de esos tréboles en su interior para desear prosperidad.

El verde es el color de la primavera. La primavera significa crecimiento. El verde se convierte entonces en color simbólico de todo lo que puede desarrollarse y prosperar. Con la antigua expresión “el tiempo verde” se hace referencia a una época de florecimiento económico y cultural. De aquel/la que no consigue nada positivo en la vida se dice también que “no se posa en ninguna rama verde”.

También la rana es símbolo de fertilidad. Es verde, pone numerosos huevos y se asemeja a un embrión humano. Por eso desea el rey de los sapos del cuento ir inmediatamente al lecho con la princesa.

La vinculación de verde y fresco la muestra también el propio lenguaje. Madera verde es la madera recién cortada y todavía húmeda. Una “green machine” es una maquina recién salida de fábrica. “Grüne Hochzeit” [bodas verdes] se llaman en Alemania a los aniversarios de boda que aun no celebran las de plata. A una canción antigua pero que nunca pasa de moda se la llama “evergreen” (siempre verde).

El verde junto al azul (el llamado turquesa) resulta especialmente refrescante. Es el color favorito de las piscinas y de todos los accesorios de baño que deben causar una impresión de frescor. Pero no siempre lo verde está ligado a lo fresco. El pan que se ha puesto verde produce precisamente sensación contraria.

En la naturaleza los procesos de maduración pueden requerir muchas etapas: del verde al amarillo y de este al rojo de las cerezas; del verde al rojo, del rojo al azul y del azul al negro de las ciruelas o los arándanos; o del verde al marrón en las nueces. Las mazorcas de maíz y las piñas son primero verdes y, en general, de un capullo verde puede salir una flor de cualquier color. El estadio de inmadurez es siempre verde.

Esta experiencia es tan universal que ha rebasado todos los dominios. El verde es el color de la juventud. Un/a joven aún está verde. O como el mosto que aún no ha fermentado del que en alemán se dice que es “vino verde”. La piel de los cuernos de los carneros es todavía verde, de ahí la expresión” greenhorn” de l@s ingleses.

En la poesía trovadoresca, el comienzo del amor es verde. En este sentido, una joven verde era una muchacha soltera, incluso los accesorios verdes claros eran propios de las jóvenes solteras en edad de contraer matrimonio. En la “Boda campesina” de Pieter Brueghel, la novia lleva un cuello verde claro. Las cofias que durante siglos llevaron las mujeres en las iglesias indicaban siempre el estado civil. Las de las mujeres solteras tenían bordados o encajes de color verde claro.

La esperanza es verde. La idea permanece viva porque está emparentada con la experiencia de la primavera. Las analogías lingüísticas lo revelan: la esperanza germina, como la simiente en primavera. La primavera significa renovación después de un periodo de carencia. Y la esperanza es también un sentimiento al que ha precedido un sentimiento de privación.

El color favorito del profeta Mahoma era el verde. No se trataba de ningún gusto personal. Mahoma prometía para los que llevaran una vida de respeto hacia Dios la recompensa de un más allá lleno de alegrías para los sentidos. El verde era el color dominante en el paraíso, una idea que sin duda entusiasmaba a un pueblo que vivía en el desierto. La más valiosa reliquia del Islam es el sandshak-i-sherif, la bandera santa, que es verde y está bordada en oro. Es la bandera que el profeta llevó en la guerra que concluyo con la conquista de La Meca. Verde es el color de la Liga Árabe. Todos los estados miembros tienen el verde en sus banderas.

También los antiguos egipcios llamaban a su dios Osiris el “gran verde”. Y los animales verdes eran sagrados para ellos. Por eso tiene un doble significado el que el Dios del Antiguo Testamento enviara a Egipto una plaga de langostas. Egipto debía sucumbir a sus animales verdes.

Existen multitud de nombres de mujer “verdes”. Flora, es la diosa romana de las flores y las plantas. Silvia significa selva o bosque en latín. Yvonne, en francés, es el nombre del tejo, un árbol, y Olivia es olivo. El árbol del laurel inspiró el nombre de Laura, además del nombre griego Dafne. El nombre francés Chloé es verde de mayo, un verde claro como el del cloro. También está el nombre español Esmeralda.

Asimismo hay numerosos nombres “verdes” de varón. Del laurel proceden nombres como Lorenzo y Lars. Florián es la forma masculina de Flora. Oliver es olivo.

En 1570 el papa Pio V estableció los colores litúrgicos: blanco, rojo, violeta y verde. El verde es el más modesto y elemental, es el color de todos los días, de los días en que no se celebra ni conmemora nada en particular.

El rojo, el azul y el verde son los colores de la Trinidad: el rojo del Padre, el azul de Hijo y el verde del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se manifestó a los apóstoles, por eso los obispos, que se consideran sucesores de los apóstoles, tienen en su escudo un sombrero verde en recuerdo de los viajes que realizaron los apóstoles para difundir el cristianismo.

Verde es el color de lo venenoso. Desde la antigüedad se conocía un verde luminoso hecho con limaduras de cobre, que, tratadas con vinagre, daban el cardenillo o verdete, que se rascaba y se mezclaba luego con cola, yema de huevo o aceite como aglutinante, y este era el color que usaban los pintores. Es un verde intenso, como de los tejados antiguos, y es tóxico.

En 1814, una empresa fabricante de colorantes logró producir un verde aún más intenso disolviendo el cardenillo en arsénico. No sólo el proceso de fabricación de este color era perjudicial para la salud, sino que también el producto mismo lo era: la sustancia se disolvía con la humedad, y el arsénico que contenía se vaporizaba de manera imperceptible.

El verde era el color favorito de Napoleón y también su destino final. Su estancia en Santa Elena transcurrió en estancias tapizadas en verde. Químicos franceses analizaron los restos mortales del emperador para averiguar si había muerto de muerte natural. Encontraron grandes concentraciones de arsénico en sus cabellos y uñas. Pero no fue envenenado por sus vigilantes. Con el clima húmedo de Santa Elena se disolvió el veneno de los tapices, los muebles y los cueros verdes y murió lentamente intoxicado por el arsénico que contenían. No fue el único que murió de esta manera hasta que, a comienzos del siglo XX, se prohibieron los colorantes verdes con arsénico. Hoy solo l@s restauradores lo utilizan, pero solamente se puede obtener con un permiso especial.

¿De qué color es un dragón, un demonio o un monstruo? “Verde”, responde la mayoría de la gente espontáneamente. Es el color más inhumano. Una piel verde nos hace pensar en lagartos y serpientes, repulsivas para muchos. Verdes son también las criaturas de ficción más modernas. Los marcianos son supuestamente hombrecillos verdes. Cuando el diablo aparece con figura humana lo hace a menudo vestido de verde, como un cazador, pues es el cazador de almas. En nuestra fantasía los seres demoniacos tienen ojos verdes.

El amarillo y el verde son los colores de la bilis y, por ende, de la perpetua amargura. En inglés el verde está muy ligado a la envidia. La expresión “a look with green eyes” se refiere a una mirada envidiosa. Una colonia masculina de Gucci se llama “Envy” (envidia) y su color es verde pálido.

En esto las culturas se separan: en China no existen dragones malos. El dragón es símbolo de masculinidad y del emperador. El dragón verde encarna la primavera y la fertilidad.

En Francia, por el contrario, el verde trae mala suerte. Much@s franceses/as no conducirían nunca un coche verde. Tienen expresiones como “je suis vert” (estoy verde) para el/la que está muy enfadado, o incluso se ponen “verts de colère” (verdes de ira).

Con hojas frescas de abedul, aliso y manzano, y con las cortezas de estos árboles, pueden teñirse de verde algunos tejidos. Tambien con aquilea, brezo, musgo, helecho y liquen. Estos tintes eran baratos e inocuos, pero los tonos verdes que daban eran pálidos o parduscos y los tejidos se decoloraban rápidamente con la luz y el lavado. La poca permanencia de este verde hizo del color verde símbolo cromático de la infidelidad.

Las reglamentaciones sobre los colores de las vestimentas indicaban, en 1653, que “para el primer estado, rojo, para el segundo, verde y rojo, para el tercero, verde claro y oscuro, y para el cuarto de escaso color”. El rojo era el color de la nobleza, y el verde el de la burguesía. Y aun dentro de la burguesía, había diferencias: verde escaso, claro y verde oscuro para los burgueses pobres, y verde puro para los más ricos. En los antiguos retratos, un fondo verde indicaba que el retratado era un burgués. Incluso la Mona Lisa de Da Vinci lleva un vestido verde. No se sabe quién era, pero se puede asegurar que no era una dama de la nobleza. En el Parlamento británico, en la cámara baja – la elegida por el pueblo – los asientos son verdes, mientras que en la cámara alta – la de los lores – son rojos.

En los teatros ingleses, los camerinos son siempre de color verde, por eso se llaman “grenn rooms”. En una habitación verde los ojos de l@s actores/actrices pueden descansar de los focos de los escenarios.

El color identificativo de la aspirina es un verde azulado y quiere sugerir un estado de tranquilidad sin cansancio.

Los semáforos juegan un importante papel en la vida moderna, por eso se ha generalizado su simbolismo. También en los edificios hay carteles verdes que permiten el paso, o que indican las salidas de emergencia. Incluso el lenguaje coloquial dice “dar luz verde” a algún proyecto. La green card (tarjeta verde) permite ir a Estados Unidos con permiso de residencia y de trabajo por tiempo limitado.

El verde estándar es el color en el que se considera que se puede fijar la vista durante más tiempo, por lo que es el color más común de las pizarras de los colegios.

Las botellas de vidrio son color verde botella, es el vidrio más barato.

También las telas usadas en quirófano son verdes por razones funcionales. Además de su efecto tranquilizante en el personal, tienen la ventaja de que sobre ella la sangre parece marrón e impresiona menos.

En Estados Unidos, a diferencia de la mayor parte del resto de los países, el papel moneda es de color verde. Esto es así desde 1850, fecha en la que Tracy R. Edson, de la Compañía de Billetes, descubrió una tinta de color verde resistente a todos los disolventes conocidos y que por lo tanto, era a prueba de falsificadores.

Todo esto, además, teniendo en cuenta que la asociación entre la palabra verde y su significado es arbitraria.

[Sacado del libro “Psicología del color” de Eva Heller y de www.planetacurioso.com].

Un saludo a tod@s :-)

domingo, 6 de diciembre de 2009

SHAKESPEARE EN LA SELVA


Divertido “cuento” de Laura Bohannan, antropóloga…es como intentar traducir Kant al idioma algonquino, como pretendía Sapir :-) Es un ejemplo increíble de la relatividad lingüística, entendida como que cada lengua condiciona la forma de pensar y de ver el mundo de sus hablantes. Y es que, para introducirse en una sociedad, debemos de empezar por conocer bien su lengua.

Espero que os haga sonreír a pesar de la longitud (y eso que me he permitido la licencia de acortarlo un poquito)…es que a mi me hace sonreír cada vez que lo leo y he querido compartirlo ;-)

“Justo antes de partir de Oxford hacia África Occidental, mantuve una conversación sobre Shakespeare con un amigo que mantenía que no es fácil entenderlo fuera de la cultura occidental. Yo repliqué que la naturaleza humana es bastante similar en todo el mundo y que, al menos la trama y los temas de las grandes tragedias, resultarían siempre claros, aunque acaso algunos detalles relacionados con costumbres determinadas tuvieran que ser explicados y las dificultades de traducción pudieran provocar algunos leves cambios. Con el ánimo de cerrar una discusión que no había posibilidad de concluir, mi amigo me regaló un ejemplar de Hamlet para que lo estudiara en la selva africana.

Era mi segundo viaje de campo a la tribu Tiv africana. Me encontraba dispuesta para establecerme en una de las zonas más remotas de su territorio. Al final me situé en una colina que pertenecía a un anciano venerable, cabeza de una explotación doméstica de unas ciento cuarenta personas, todos ellos parientes próximos de él, o bien mujeres e hijos suyos. Al igual que otros ancianos en los alrededores, pasaba la mayor parte de su tiempo ejecutando ceremonias de las que apenas pueden verse hoy día en zonas de la tribu que son de más fácil acceso. Yo estaba encantada. Pronto vendrían tres meses de ocio y aislamiento forzosos.

Entonces, pensaba yo, tendrían más tiempo para ejecutar ceremonias y para explicármelas a mí.

Estaba muy equivocada: la mayoría de las ceremonias exigía la presencia de los hombres más viejos de varios poblados. Cuando las inundaciones comenzaron, a los ancianos les resultaba demasiado difícil ir caminando de un poblado a otro, y las ceremonias fueron cesando poco a poco. Cuando las inundaciones se hicieron intensas, toda actividad quedó paralizada, con una sola excepción: las mujeres preparaban cerveza de mijo y maíz, y hombres, mujeres y niños se sentaban en sus colinas a beberla.

Empezaban a beber al alba. A media mañana el poblado entero estaba cantando, bailando y tocando los tambores. Cuando llovía, la gente se tenía que sentar en el interior de las chozas, donde o bien bebían y cantaban, o bien bebían y contaban historias. En cualquier caso, al mediodía o antes yo ya me veía obligada a unirme a la fiesta, o si no, a retirarme a mi propia choza con mis libros. Dado que yo carecía de su capacidad para aquella espesa cerveza nativa, cada vez pasaba más y más tiempo con Hamlet. La gracia descendió sobre mí antes de que acabara el segundo mes. Estaba segura de que Hamlet tenía una sola interpretación posible, y de que ésta era universalmente obvia.

Con la esperanza de tener alguna conversación seria antes de la fiesta de cerveza, solía acudir a la choza de recepciones del anciano. Un día, al traspasar agachada el bajo umbral, me encontré con la mayoría de los hombres del poblado allí apiñados, con su raída vestimenta, sentados en taburetes, esteras y mecedoras, al calor de una fogata humeante y al amparo de la destemplanza de la lluvia. En el medio había tres cuencos de cerveza. La fiesta había comenzado.

El anciano me saludó cordialmente y me dijo: “Siéntate y bebe”. Acepté una gran calabaza llena de cerveza, me serví un poco en un pequeño recipiente y lo apuré de un solo trago. Entonces serví algo más en el mismo cuenco al hombre que seguía en edad a mi anfitrión, y pasé la calabaza a un joven para que el reparto continuara. La gente importante no debe tener que servirse a sí misma.

- Deberías sentarte a beber con nosotros más a menudo. Tus criados me cuentan que cuando no estás en nuestra compañía, te quedas dentro de tu choza mirando un papel, me dijo el anciano.

El anciano conocía cuatro tipos de papeles: recibos de los impuestos, recibos por el precio de la novia, recibos por gastos de cortejo, y cartas. El mensajero que le traía las cartas del jefe las usaba más que nada como emblema de su cargo, dado que siempre conocía lo que éstas decían y se lo relataba al anciano. Las cartas personales de los pocos que tenían algún pariente en puestos del gobierno o las misiones eran guardadas hasta que alguien iba a un gran mercado donde hubiera un escribano que las leyera. A partir de mi llegada, me las traían a mí. Algunos hombres también me trajeron, en privado, recibos por el precio de la novia, pidiendo que cambiara los números por sumas más altas. No venían al caso los argumentos morales, puesto que en las relaciones con la parentela política esto es juego limpio, y además resulta difícil explicar a gentes ágrafas los avatares técnicos de la falsificación. Como no quería que me creyeran tan tonta como para pasarme el día mirando sin parar papeles de esa clase, les expliqué, rápidamente que mi papel era una de las cosas antiguas de mi país.

- Ah – dijo el anciano – cuéntanos.

Yo repliqué que no soy una contadora de historias. Contar historias es entre ellos un arte para el que se necesita habilidad; son muy exigentes, y la audiencia, crítica, hace oír su parecer. Me resistí en vano. Aquella mañana querían escuchar una historia mientras bebían. Me amenazaron con no contarme ni una más hasta que yo contara la mía. Finalmente, el anciano prometió que nadie criticaría mi estilo, “puesto que sabemos que estás peleando con nuestra lengua, pero, dijo uno de los de más edad, tendrás que explicar lo que no entendamos, como hacemos nosotros cuando contamos nuestras historias”. Asentí, dándome cuenta de que allí estaba mi oportunidad de demostrar que Hamlet era universalmente comprensible.

El anciano me pasó más cerveza para ayudarme en mi relato. Los hombres llenaron sus largas pipas de madera y removieron el fuego para tomar de él brasas con que encenderlas: entonces, entre satisfechas fumaradas, se sentaron a escuchar. Comencé usando el estilo apropiado: “Ayer no, ayer no, sino hace mucho tiempo, ocurrió una cosa. Una noche tres hombres estaban de vigías en las afueras del poblado del gran jefe, cuando de repente vieron que se les acercaba el que había sido su anterior jefe”.

- ¿Por qué no era ya su jefe?

- Había muerto – expliqué – es por eso por lo que se asustaron y se preocuparon al verle.

- Imposible – comenzó uno de los ancianos, pasando la pipa a su vecino – por supuesto que no era el jefe muerto. Era un presagio enviado por un brujo. Continúa.

Ligeramente importunada, continué: “Uno de esos tres era un hombre que sabía cosas” (la traducción más cercana a estudioso, pero por desgracia también significa brujo). De modo que habló al jefe muerto, diciéndole: “Cuéntanos qué debemos hacer para que puedas descansar en tu tumba”, pero el jefe muerto no respondió. Se esfumó y ya no lo pudieron ver más. Entonces el hombre que sabía cosas – su nombre era Horacio – dijo que aquello era asunto para el hijo del jefe muerto, Hamlet”.

Hubo un sacudir de cabezas general dentro del corro:

- ¿El jefe muerto no tenía hermanos vivos? ¿O es que el hijo era jefe?

- No – repliqué – tenía un hermano vivo que se convirtió en jefe cuando el hermano mayor murió.

Los ancianos murmuraron entre dientes: tales presagios son asunto para jefes y ancianos, no para jóvenes. Ningún bien puede venir de hacer las cosas a espaldas del jefe. Evidentemente, Horacio no era un hombre que supiera cosas.
- Sí que lo era – insistí – en nuestro país el hijo sucede al padre. El hermano menor del jefe muerto se había convertido en jefe, y además se había casado con la viuda de su hermano mayor tan sólo un mes después del funeral.

- Hizo bien – exclamó radiante el anciano, y anunció a los demás: Ya os dije que si conociéramos mejor a los europeos, encontraríamos que en realidad son como nosotros. En nuestro país, añadió dirigiéndose a mí, también el hermano más joven se casa con la viuda de su hermano mayor, convirtiéndose así en padre de sus hijos. Ahora bien, si tu tío, casado con tu madre viuda, es plenamente el hermano de tu padre, entonces también será un verdadero padre para ti. ¿Tenían el padre y el tío de Hamlet la misma madre?

Esta pregunta no penetró apenas en mi mente. Estaba demasiado contrariada por haber dejado a uno de los elementos más importantes de Hamlet fuera de combate. Sin demasiada convicción dije que creía que tenían la misma madre, pero que no estaba segura – la historia no lo decía. El anciano me replicó con severidad que esos detalles genealógicos cambian mucho las cosas, y que cuando volviese a casa debía de consultar sobre ello a mis mayores.

Determinada a salvar lo que pudiera del tema de la madre, respiré profundo y empecé de nuevo: “El hijo Hamlet estaba muy triste de que su madre se hubiera vuelto a casar tan pronto. Ella no tenía necesidad de hacerlo, y es nuestra costumbre que una viuda no tome nuevo marido hasta después de dos años de duelo”.

- Dos años es demasiado – objetó la mujer que acababa de hacer aparición con la desgastada bolsa de piel de cabra – ¿Quién labrará tus campos mientras estés sin marido?

- Hamlet – repliqué sin pensármelo – era lo bastante mayor como para labrar las tierras de su madre por sí mismo. Ella no precisaba volverse a casar.

Nadie parecía convencido y renuncié: “Su madre y el gran jefe dijeron a Hamlet que no estuviera triste, porque el gran jefe mismo sería un padre para él. Es más, Hamlet habría de ser el próximo jefe, y por tanto debía quedarse allí para aprender todas las cosas propias de un jefe. Hamlet aceptó quedarse, y todos los demás se marcharon a beber cerveza”.

Hice una pausa, perpleja ante cómo presentar el disgustado soliloquio de Hamlet a una audiencia que se hallaba convencida de que Claudio y Gertrudis habían actuado de la mejor manera posible. Entonces uno de los más jóvenes me preguntó quién se había casado con las restantes esposas del jefe muerto.

- No tenía más esposas – le contesté.

- ¡Pero un gran jefe debe tener muchas esposas! ¿Cómo podría si no servir cerveza y preparar comida para todos sus invitados?

Respondí con firmeza que en nuestro país hasta los jefes tienen una sola mujer, que tienen criados que les hacen el trabajo y que pagan a éstos con el dinero de los impuestos. De nuevo replicaron que para un jefe es mejor tener muchas esposas e hijos que le ayuden a labrar sus campos y alimentar a su gente. Así, todos aman a aquel jefe que da mucho y no toma nada – los impuestos son mala cosa.

Aunque estuviera de acuerdo con este último comentario, el resto formaba parte de su modo favorito de rebajar mis argumentos: Así es como hay que hacer, y así es como lo hacemos.

Decidí saltarme el soliloquio. Ahora bien, incluso si pudiera estar bien visto el que Claudio se casara con la esposa de su hermano, aún quedaba el asunto del veneno. Estaba segura de que desaprobarían el fratricidio, de manera que continué, más esperanzada: “Esa noche Hamlet se quedó vigilando junto a los tres que habían visto a su difunto padre. El jefe muerto apareció de nuevo, y aunque los demás tuvieron miedo, Hamlet le siguió a un lugar aparte. Cuando estuvieron solos, el padre muerto habló”

- ¡Los presagios no hablan! – dijo tajante el anciano.

- El difunto padre de Hamlet no era un presagio. Al verlo podría parecer que era un presagio, pero no lo era – Mi audiencia parecía estar tan confusa como lo estaba yo – Era de verdad el padre muerto de Hamlet, lo que nosotros llamamos un ‘fantasma‘(tuve que usar la palabra inglesa, puesto que estas gentes, a diferencia de muchas de las tribus vecinas, no creían en la supervivencia de ningún aspecto individualizado de la personalidad después de la muerte).

- ¿Qué es un ‘fantasma’? ¿Un presagio?

- No, un ‘fantasma’ es alguien que ha muerto, pero que anda vagando y es capaz de hablar, y la gente lo puede ver y oír, aunque no tocarlo.

Ellos replicaron: “A los zombis se les puede tocar”.

- ¡No, no! No se trataba de un cadáver que los brujos hubieran animado para sacrificarlo y comérselo. Al padre muerto de Hamlet no lo hacía andar nadie. Andaba por sí mismo.

- Los muertos no andan – protestó mi audiencia como un solo hombre.

Yo trataba de llegar a un compromiso: Un ‘fantasma’ es la sombra del muerto”.Pero de nuevo objetaron: "Los muertos no tienen sombra".

- En mí país sí que la tienen – espeté.

El anciano aplacó el rumor de incredulidad que inmediatamente se había levantado, y concedió con esa aquiescencia insincera, pero cortés, con que se dejan pasar las fantasías de los jóvenes, los ignorantes y los supersticiosos: “Sin duda, en tu país los muertos también pueden andar sin ser zombis”. Del fondo de su bolsa extrajo un pedazo de nuez de cola seca, mordió uno de sus extremos para mostrar que no estaba envenenado, y me lo ofreció como regalo de paz.

- Sea como sea – retomé la narración – el difunto padre de Hamlet dijo que su propio hermano, el que luego se convirtió en jefe, lo había envenenado. Quería que Hamlet lo vengara. Hamlet creyó esto de corazón, porque aborrecía al hermano de su padre – Tomé otro trago de cerveza – En el país del gran jefe, viviendo en su mismo poblado, que era muy grande, había un importante anciano que a menudo estaba a su lado para aconsejarle y ayudarle. Se llamaba Polonio. Hamlet cortejaba a su hija, pero el padre y el hermano de ella … (aquí busqué precipitadamente alguna analogía tribal) le advirtieron que no permitiera a Hamlet visitarla cuando estaba sola en casa, puesto que él había de llegar a ser un gran jefe y por tanto no podría casarse con ella.

- ¿Por qué no? – preguntó la esposa, que se había acomodado junto al sillón del anciano. Él la miró con gesto de desaprobación por hacer preguntas tontas, y gruñó: “Vivían en el mismo poblado”.

- No era esa la razón – les informé, Polonio era un extranjero que vivía en el poblado porque ayudaba al jefe, no porque fuera su pariente.

- Entonces, ¿por qué no podía Hamlet casarse con ella?

- Habría podido hacerlo – expliqué – pero Polonio no creía que realmente lo fuera a hacer. Después de todo, Hamlet había de casarse con la hija de un gran jefe, puesto que era un hombre muy importante y en su país cada hombre sólo puede tener una esposa. Polonio tenía miedo de que si Hamlet hacía el amor a su hija, ya nadie diera un alto precio por ella.

- Puede que eso sea cierto – remarcó uno de los ancianos más sagaces – pero el hijo de un jefe daría al padre de su amante regalos y protección más que sobrados como para compensar la diferencia. A mí Polonio me parece un insensato.

- Mucha gente piensa que lo era – asentí – a todo esto, Polonio envió a su hijo Laertes al lejano París, a aprender las cosas de ese país, porque allí estaba el poblado de un jefe realmente muy grande. Como Polonio tenía miedo de que Laertes se gastara el dinero en cerveza, mujeres y juego, o se metiera en peleas, mandó secretamente a París a uno de sus sirvientes para que espiara lo que hacía. Un día Hamlet abordó a Ofelia, la hija de Polonio, comportándose de manera tan extraña que la asustó. En realidad (yo buscaba azoradamente palabras para expresar la dudosa naturaleza de la locura de Hamlet) el jefe y muchos otros habían notado también que cuando Hamlet hablaba uno podía entender las palabras, pero no su sentido. Mucha gente pensó que se había vuelto loco.

Repentinamente mi audiencia parecía mucho más atenta: “El gran jefe – seguí – quería saber qué era lo que le ocurría a Hamlet, así que mandó a buscar a dos de sus compañeros de edad (amigos del colegio hubiera sido largo de explicar) para que hablaran con Hamlet y averiguaran lo que le tenía preocupado. Hamlet, al ver que habían sido pagados por el jefe para traicionarle, no les contó nada. No obstante, Polonio insistía en que Hamlet se había vuelto loco porque le habían impedido ver a Ofelia, a quien amaba”.

- ¿Por qué, preguntó una voz perpleja, querría nadie embrujar a Hamlet por esa razón?

- ¿Embrujarle? – dije.

- Sí, sólo la brujería puede volver loco a alguien. A menos, claro está, que uno haya visto a los seres que se ocultan en el bosque.

Dejé de ser contadora de historias, saqué mi cuaderno de notas y pedí que me explicaran más sobre esas dos causas de locura. Aun cuando ellos hablaban y yo tomaba notas, traté de calcular el efecto de este nuevo factor sobre la trama. Hamlet no había sido expuesto a los seres que se ocultan en el bosque. Sólo sus parientes por línea masculina podrían haberlo embrujado. Dejando fuera parientes no mencionados por Shakespeare, tenía que ser Claudio quien estaba intentando hacerle daño. Y, por supuesto, él era.De momento me protegí de las preguntas diciendo que el gran jefe también se negaba a creer que Hamlet estuviera loco debido simplemente al amor de Ofelia. El estaba seguro de que algo mucho más importante estaba afligiendo el corazón de Hamlet.

“Los compañeros de edad de Hamlet – continué – habían traído con ellos a un famoso contador de historias. Hamlet decidió hacer que aquel narrador contara al jefe y a todo el poblado la historia de un hombre que había envenenado a su hermano porque deseaba a la esposa de éste, y porque además quería convertirse él mismo en jefe. Hamlet estaba seguro de que el gran jefe no podría escuchar la historia sin dar algún signo de ser realmente culpable, y de este modo podría descubrir si su difunto padre le había dicho la verdad o no”.

El anciano interrumpió, con profundo ingenio:

- ¿Por qué habría un padre de engañar a su hijo?

- Hamlet no estaba seguro de que fuera realmente su padre muerto – respondí evasivamente. (Era imposible, en esa lengua, decir nada sobre visiones inspiradas por el demonio).

- Quieres decir – exclamó – que en realidad era un presagio, y que él sabía que a veces los brujos envían falsos presagios. Hamlet fue tonto por no acudir antes que nada a alguien versado en leer presagios y adivinar la verdad. Un hombre-que-ve-la-verdad le podría haber dicho cómo murió su padre, si realmente había sido envenenado, y si hubo en ello brujería o no la hubo; luego podría haber convocado a los ancianos para tomar una determinación.

El anciano perspicaz se atrevió a disentir:

- Al ser un gran jefe el hermano de su padre, un hombre-que-ve-la-verdad podría haber tenido miedo de decirla. Yo creo que es por esa razón por la que un amigo del padre de Hamlet – anciano y brujo – envió un presagio, para que así el hijo de su amigo lo supiera. ¿Era cierto el presagio?

- Sí – dije, dejando de lado fantasmas y demonios – Tendría por fuerza que ser un presagio enviado por un brujo. Era cierto, por lo que cuando el contador de historias estaba contando su cuento ante todo el poblado, el gran jefe se levantó descompuesto. Por miedo a que Hamlet supiera su secreto, planeó matarlo.

El escenario de la siguiente secuencia presentaba algunos problemas de traducción. Comencé con prudencia.: “El gran jefe pidió a la madre de Hamlet que le sonsacara lo que sabía. Más, previendo que para una madre su hijo está siempre por encima de todo, hizo esconder al anciano Polonio tras unas telas que colgaban junto a la pared de la choza de dormir de la madre de Hamlet. Hamlet comenzó a increpar a su madre por lo que había hecho”.

Hubo un asombrado murmullo por parte de todos: Un hombre nunca debe reprender a su madre. “Ella – continué – gritó asustada, y Polonio se movió tras la tela. Hamlet exclamó: ¡Una rata!’, y tomando su machete dio un tajo que la atravesó (aquí hice una pausa para darle efecto dramático) ¡Había matado a Polonio!”.

Los ancianos se miraron unos a otros con supremo disgusto: ¡Ese Polonio era realmente un necio y un ignorante! Hasta a un niño se le habría ocurrido decir: ‘¡Soy yo!‘. Con repentino dolor, recordé que estas gentes son ardientes cazadores, siempre armados de arco, flechas v machete. Al primer movimiento entre la maleza hay ya una flecha lista apuntando, y el cazador grita: ¡Va!. Si no contesta voz humana inmediatamente, la flecha sigue su camino. Como cualquier buen cazador, Hamlet había gritado: ¡Una rata!.

Me lancé, a salvar la reputación de Polonio: Polonio habló. Hamlet le había oído. Pero pensó que era el jefe, y quiso matarlo para vengar a su padre. Ya había querido hacerlo antes, esa misma tarde … Interrumpí la narración, incapaz de explicar a esta gente pagana, que no cree en la supervivencia individual tras la muerte, la diferencia entre bien morir rezando y morir – sin comunión, sin preparación, sin sacramentos.

Esta vez había impactado en serio a la audiencia: Que un hombre levante su mano contra el que, siendo hermano de su padre, se ha convertido en padre para él es algo terrible. Los ancianos deberían dejar que sea embrujado un hombre semejante—.Mordisqueando perpleja mi pedazo de nuez de cola, señalé que, después de todo, era quien había matado al padre de Hamlet.

- No – sentenció el anciano, hablando menos para mí que para los jóvenes allí sentados entre los mayores – Si el hermano de tu padre ha matado a tu padre, debes recurrir a los compañeros de edad de tu padre; son ellos quienes pueden vengarlo. Nadie puede usar la violencia contra sus parientes de más edad.

Le sobrevino otra idea…Pero si el hermano del padre hubiera sido realmente tan infame como para embrujar a Hamlet y volverlo loco, entonces la historia es realmente buena, porque entonces él mismo sería el causante de que Hamlet, estando loco, no conservara razón alguna y estuviera dispuesto a matar al hermano de su padre.

Hubo un murmullo de aprobación. Hamlet volvía a parecerles una buena historia, pero a mí ya no se me antojaba la misma. Según pensaba en las complicaciones venideras de la trama y los temas, me iba desanimando. Decidí rozar sólo de pasada el terreno peligroso.

- El gran jefe – continué – no sentía que Hamlet hubiera matado a Polonio. Eso le daba una razón para enviarle lejos, acompañado por sus dos infieles compañeros, con cartas para un jefe de un lejano país que, decían que debía ser asesinado. Pero Hamlet cambió lo que estaba escrito en las cartas, de forma que en su lugar mataron a éstos.

Encontré una mirada llena de reproche por parte de uno de los hombres a quienes yo había dicho que una falsificación indetectable de la escritura no sólo era inmoral, sino que estaba más allá de la habilidad humana. Miré hacia otro lado.

- Antes de que Hamlet pudiera regresar, Laertes volvió para el funeral de su padre. El gran jefe le contó que Hamlet había matado a Polonio. Laertes juró matar a Hamlet por esto, y porque su hermana Ofelia, al saber que su padre había sido muerto por el hombre a quien amaba, se volvió loca y se ahogó en el río.

- ¿Ya te has olvidado de lo que te hemos dicho? – me echó en cara el anciano – No se puede tomar venganza de un loco: Hamlet mató a Polonio en su locura. Y en cuanto a la chica, no es que simplemente se volviera loca, sino que se ahogó. Sólo la brujería puede hacer que la gente se ahogue. El agua por sí misma no hace ningún daño, es sencillamente algo que se bebe o en donde uno se baña.

Empecé a enfadarme: “Si no te gusta la historia, no sigo”.

El anciano hizo unos ruidos apaciguadores y me sirvió personalmente algo más de cerveza. “Tú cuentas bien la historia, y te estamos escuchando. Pero está claro que los ancianos de tu país nunca te han explicado lo que realmente significa. ¡No, no me interrumpas! Te creemos cuando dices que vuestra forma de matrimonio y vuestras costumbres son diferentes, o vuestros vestidos y armas. Pero la gente es similar en todas partes. Allí donde sea siempre hay brujos, y somos nosotros, los ancianos, quienes sabemos cómo funciona la brujería. Te dijimos que era el gran jefe el que quería matar a Hamlet, y ahora tus propias palabras confirman que teníamos razón. ¿Qué parientes varones tenía Ofelia?

- Solamente su padre y su hermano – contesté pensando que Hamlet claramente se me había escapado de las manos.

- Tiene que haber tenido más. Esto es algo que también debes preguntar a tus mayores cuando vuelvas a tu país. Por lo que nos cuentas, y dado que Polonio estaba muerto, debe haber sido Laertes quien mató a Ofelia, aunque no veo la razón.

Ya habíamos vaciado uno de los cuencos de cerveza, y los hombres discutieron el tema con un interés rayano en lo ebrio. Finalmente uno de ellos me preguntó:
- ¿Qué dijo a su vuelta el criado de Polonio?

Retomé con dificultad a Reinaldo y su misión:

- No creo que regresara antes de la muerte de Polonio – dije.

- Escucha – dijo el más anciano de todos – y te diré cómo ocurrió y cómo sigue tu historia, y tú me puedes decir si estoy en lo correcto: Polonio sabía que su hijo se metería en problemas, y efectivamente así fue. Tenía muchas multas que pagar por sus peleas, y deudas de juego. Pero sólo había dos maneras de conseguir dinero rápidamente. Una era casar a su hermana de inmediato, pero es difícil encontrar a un hombre que quiera casarse con una mujer deseada por el hijo de un jefe. Porque, si el heredero del jefe comete adulterio con tu mujer, ¿tú qué puedes hacerle? Sólo a un loco se le ocurriría plantear un pleito a alguien que puede ser quien te juzgue en el futuro. Por eso Laertes tuvo que seguir el segundo camino: matar por brujería a su hermana, ahogándola, para poder vender su cuerpo en secreto a los brujos.

Opuse una objeción: su cuerpo fue encontrado y enterrado. De hecho, Laertes saltó a la fosa para ver a su hermana por última vez. Por tanto, como ves, el cuerpo realmente estaba allí. Hamlet, que acababa de llegar, saltó también detrás de él.

- ¿Qué os dije? – El más anciano se dirigió a los demás – No es que Laertes estuviera tratando precisamente bien al cuerpo de su hermana. Hamlet procuró estorbarle, porque al heredero del jefe, igual que a cualquier jefe, no le gusta que ningún otro hombre se enriquezca ni se haga poderoso. Laertes se pondría furioso, porque había matado a su hermana sin sacar de ello ningún beneficio. En nuestro país, ese motivo hubiera bastado para que intentara asesinar a Hamlet. ¿Es eso lo que pasó?

- Más o menos – admití – Cuando el gran jefe encontró que Hamlet aún vivía, animó a Laertes a que tratara de matarlo y se las apañó para que hubiera una pelea de machetes entre ellos. En la lucha ambos cayeron heridos de muerte. La madre de Hamlet bebió una cerveza envenenada que el jefe había dispuesto para Hamlet en el caso de que ganara la pelea. Cuando vio a su madre morir a causa del veneno, Hamlet, agonizando, consiguió matar al hermano de su padre con su machete.

- ¿Veis? ¡Tenía razón! – exclamó.

- Era una historia muy buena – añadió el anciano jefe – y la has contado con muy pocos errores. Sólo había un error más, justo al final. El veneno que bebió la madre de Hamlet obviamente estaba destinado al vencedor del combate, quienquiera que fuese. Si Laertes hubiera ganado, el gran jefe lo habría envenenado para que nadie supiera que él había tramado la muerte de Hamlet. Así, además, ya no tendría que temer la brujería de Alertes. Hace falta un corazón muy fuerte para matar por brujería a la propia hermana.

Envolviéndose en su raída toga, el anciano concluyó: “Alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría”.

Un saludo a tod@s :-)

domingo, 8 de noviembre de 2009

¡ESTO ES LA LECHE!...Cr.2q21


“- Escucha, hombre blanco, ¿me puedes ayudar a llevar estas cajas de leche en polvo a unos hermanos míos del pueblo de Ak-Chiñ? – Me dijo un indio pima (que acabó siendo mi amigo) de una de las reservas bajo protección federal de la zona de Arizona – USA.

La leche en polvo provenía del programa federal de excedentes alimentarios que mensualmente proveía a las familias de bajos ingresos de la reserva. Los alimentos se almacenaban en un depósito dónde las familias iban, en teoría, con sus vales para recogerlos. Ayudé a Gabriel – que así se hacía llamar el indio – a subir las pesadas cajas de polvo blanco en la camioneta y nos pusimos en marcha.

Cuando llegamos al pueblo de Ak-Chiñ, nos dirigimos hacia un campo de béisbol donde varios hombres jóvenes y adolescentes se preparaban para jugar un partido contra otro equipo del pueblo. Gabriel se bajó de la camioneta y se puso a hablar en su lengua natal con uno de los jugadores. Luego regresó al vehículo.

- Ven, hombre blanco, aquí es donde hay que bajar las cajas. ¿Me ayudas?
- ¿Aquí vamos a distribuir la leche para que estos muchachos la lleven a sus familias? ¿Por qué mejor no vamos al pueblo y la entregamos directamente?

Gabriel soltó una risotada: “Nooo, han tenido más de esto en sus casas de la que pudieran desear. Hace tiempo que dejaron de recogerla en el depósito…No, hombre blanco, la necesitan para trazar las líneas del campo de forma que sepan cual es el área de juego…No podemos beber leche, ¡ni siquiera en polvo! Dame leche y me hincho como un balón. Todos los indios tenemos intolerancia a la lactosa”.

Más de 30 millones de estadounidenses – incluidos muchos descendientes de africanos y asiáticos – no pueden digerir el principal azúcar de la leche tiempo después de haber sido destetados. De hecho el destete de la mayoría de niños del mundo puede acelerarse por una gradual disminución en al actividad de la lactasa, enzima que descompone la lactosa en glucosa y galactosa, sustancias más fáciles de digerir. Si no hay suficiente lactasa para digerirla, la lactosa se asienta en el intestino del niño, absorbe agua, y se expande hasta que forma un sustrato para microbios productores de gases….Quizá yo pertenecía a la minoría de residentes de Arizona cuya tolerancia a la lactosa se prolonga hasta la vida adulta. Entre los indios pimes la mala absorción de la lactosa afecta al 40% de los niños de cuatro años, al 71% de los de cinco, al 92% de los de siete, y al 100% de la población mayor de ocho años.

Hace 30 años un geógrafo cultural llamado Frederick Simoons descubrió que la distribución global de la extendida tolerancia a la lactosa estaba estrechamente relacionada con la distribución de los antiguos pueblos pastores y ganaderos de Europa, Asia Menor y el norte de África; los adolescentes y adultos que residían en el resto del mundo eran deficientes en lactasa. Hace alrededor de 100.000 años ocurrió una mutación en el ADN de una población aislada del norte de Europa que le permitió tolerar la leche como un alimento rico en nutrientes. Esa adaptación de la tolerancia a la leche se expandió gradualmente por cruces con otros grupos, aunque también pudo haber surgido de una mutación independiente en el ADN de otras comunidades. De cualquier forma, ciertas poblaciones que portaban este gen en bajas frecuencias – y que con posterioridad adoptaron un modo de vida basado en el pastoreo y una cultura del consumo de leche – encontraron que la actividad de su lactasa se prolongaba gradualmente hasta la vida adulta. Se presume que la mayoría de esas personas al principio empleaban pequeñas cantidades de leche cruda en forma ritual o sólo consumían productos fermentados como el yogur y el queso, cuyas bacterias convierten a la lactosa en azucares digeribles. El pequeño porcentaje de individuos tolerantes a la lactosa en una población dada fue favorecido con rapidez cuando llegaron a ella estos recursos ricos en nutrientes, de manera que sólo 15 generaciones después de alimentarse de queso y yogur, la frecuencia de tolerancia a la lactosa entre sus individuos se incrementó espectacularmente.

Desde el punto de vista de la evolución, la intolerancia a la lactosa - que antes regulaba el tiempo de destete en las sociedades no agrícolas – súbitamente disminuyó. Hay que tener en cuenta que entre los cazadores-recolectores, que nunca tuvieron ganado, los niños por lo general eran destetados mas pronto que los de las sociedades ganaderas. En los hábitats silvestres, donde la oferta de alimentos variaba con las estaciones, el prematuro comienzo de la intolerancia a la lactosa reprimía le deseo del niño de amamantarse, lo que posibilitaba que las madres conservaran sus reservas nutricionales y permitía que la fertilidad de la madre se recuperara más pronto, dado que la lactancia la inhibe.

Por el contrario, las culturas que adoptaron la ganadería obtuvieron los medios para proveerse de leche suficiente como para asegurar la supervivencia de casi todos los niños, siempre que mantuvieran sus reservas de forraje. Que uno o no esté predispuesto genéticamente a la deficiencia de lactasa depende de que tan recientemente nuestros antepasados adoptaron la ganadería y se adaptaron al nuevo conjunto de oportunidades nutricionales asociado con la leche de vaca, oveja, cabra o carabao.

Como dijo Paul Rozin en 1982, esta situación es especial: en la mayoría de los casos pensamos que la selección natural de ciertas características genéticas tiende a anular los comportamientos que no siempre tienen un valor inmediato de supervivencia, es decir, se van produciendo cambios genéticos que van mejorando la especie y permitiendo sobrevivir a los que los van heredando, y cambiando su vida en consecuencia. Pero en este caso fue diferente: aunque no conocemos los detalles del camino que se siguió, el producto final – la tolerancia a la lactosa bajo control genético – sugiere que las practicas culturales de beber leche cruda y productos lácteos generaron la presión selectiva para el cambio genético. Lo recalcó Matt Ridley en su libro “Genome”: “la evidencia señala que tales pueblos primero adoptaron la ganadería y, como consecuencia de ello, más tarde adquirieron la habilidad para diferir la leche”.

Así pues, el motivo principal por el que Gabriel y los miembros del equipo de béisbol de Ak-Chiñ utilizaran la leche en polvo para trazar su campo de juego en lugar de bebérsela se encuentra profundamente inmerso en la historia genética y cultural de su pueblo. Sus antecesores eran cazadores-recolectores y no ganaderos. La intolerancia a la lactosa es uno de los fantasmas de la evolución escondido en sus cuerpos” [Sacado del libro “Porque a algunos les gusta el picante. Alimentos, genes y diversidad cultural” de Gary Paul Nabhan].

Espectacular historia…..simplemente quería compartirla, por su innegable base antropológica – ahora que por fin estoy inmersa ya en mis estudios de Antropología Social y Cultural – y por su aún más que evidente ejemplo de lo que significa “ayuda útil” que, tantas veces, los ricos conceden magnánimamente a los menos ricos, sin preocuparse de si es adecuada para el receptor, o si, simplemente, es “adecuada” para ellos como donantes.

¡Un saludo a tod@s!

miércoles, 7 de octubre de 2009

EL ENIGMA DE SANTA CLAUS


[“Que los chistes activen no sólo zonas cerebrales más nuevas, sino la primitiva importancia del cerebro y el sistema del placer, sugiere que la risa existe desde tiempos remotos y tiene por tanto un valor en la supervivencia”].

Como creo que aún hay gente que le reclama a Santa Claus que no le haya traído lo que le pidió, leed atentamente las peripecias que el pobre Santa tiene que padecer todos los años...no tiene desperdicio y espero que dibuje una sonrisa en vuestras caras :-) [Sacado de “Matemática, ¿estás ahí?" de Adrián Paenza].

Existen aproximadamente dos mil millones de niños en el mundo. Sin embargo como Santa Claus no visita a niños judíos, musulmanes, ni budistas, esto reduce su trabajo en la noche de Navidad y sólo tiene que visitar 378 millones de chicos.

Con una tasa promedio de 3,5 niños por casa, el trabajo se rebaja a 108 millones de hogares (suponiendo que al menos hay un niño bueno por casa). Santa Claus tiene alrededor de 31 horas de Navidad para realizar su trabajo, gracias a las diferentes zonas horarias y a la rotación de la Tierra, asumiendo que viaja de este a oeste (lo cual parece lógico). Esto suma 968 visitas por segundo. Como quien dice, para cada casa cristiana con un niño bueno, Santa tiene alrededor de 1/1000 de segundo para: estacionar el trineo, bajar, entrar por la chimenea, llenar las botas de regalos, distribuir los demás regalos bajo el arbolito, comer los bocadillos que le dejan, trepar nuevamente por la chimenea, subirse al trineo...y llegar a la siguiente casa.

Suponiendo que cada una de esas 108 millones de paradas están equidistribuidas geográficamente, estamos hablando de alrededor de 1248 metros entre casa y casa. Esto significa un viaje total de 121 millones de kilómetros...sin contar descansos ni paradas al baño. Por lo tanto, el trineo de Santa Claus se mueve a una velocidad de 1040 kilómetros por segundo...es decir, casi tres mil veces la velocidad del sonido.

Hagamos una comparación: el vehículo más rápido fabricado por el hombre viaja a una velocidad máxima de 44 kilómetros por segundo. Un reno convencional puede correr, como máximo, a 24 kilómetros por hora, o, lo que es lo mismo, unas siete milésimas de kilómetro por segundo. La carga del trineo agrega otro elemento interesante. Suponiendo que cada niño solo pidió un juguete de tamaño mediano (digamos de un kilo), el trineo estaría cargando más de 500.000 toneladas...sin contar a Santa Claus. En la Tierra un reno normal no puede acarrear más de 150 kilos. Aún suponiendo que pudiera acarrear diez veces lo normal, el trabajo, obviamente, no podría ser hecho por ocho o nueve renos. Santa Claus necesitaría 360.000 de ellos, lo que incrementaría la carga otras 54.000 toneladas...sin contar el peso del trineo.

Mas allá de la broma, 600.000 toneladas viajando a 1040 kilómetros por segundo sufren una resistencia al aire enorme, lo que calentaría a los renos, de la misma forma que se calienta la cubierta de una nave espacial al ingresar en la atmósfera terrestre. Por ejemplo, los dos renos de adelante absorberían 14,3 quintillones de joules de energía por segundo cada uno...por lo que se calcinarían casi instantáneamente, exponiendo a los renos siguientes y creando ensordecedores “booms” sónicos. Todos los renos se vaporizarían en poco más de cuatro milésimas de segundo...más o menos cuando Santa Claus esté a punto de realizar su quinta visita.

Si no importa todo lo anterior, hay que considerar el resultado de la desaceleración de 1040 kilómetros por segundo. En 0,001 segundos, suponiendo un peso de Santa Claus de 150 kilos, estaría sujeto a una inercia de fuerza de 2.315.000 kilos, rompiendo al instante sus huesos y desprendiendo todos sus órganos, reduciendo al pobre Santa Claus a una masa sin forma, aguada y temblorosa.

Si aún con todos estos datos os enoja que Santa Claus no os haya traído lo que le pedisteis este año, es porque sois tremendamente injust@s y desconsiderad@s.

Un saludo sonriente a tod@s :-)

PD: “El creyente estás más interesado en lo que ya sabe que en lo que no sabe. El creedor estás más interesado en lo que no sabe que en lo que ya sabe” (Aforismo de Jorge Wagensberg).